“Ángeles somos del cielo venimos pidiendo limosnas para nosotros mismos” es así como Cartagena ofrece la bienvenida al mes de noviembre.

Cartagena, como es bien sabido, es una ciudad rica en historia y rica en cultura. Decimos los cartageneros que apenas llega noviembre empiezan las fiestas en Cartagena, pues todo se convierte en festejos hasta el final de navidad.

Junto con la “música novembrina” empezamos, normalmente, a sentir las brisas de diciembre y acogidos por ellas, los cartageneros cantamos, bailamos, saltamos, gritamos y nos desordenamos. No todos, porque no se trata aquí de promover estereotipos para encasillar a la gente, sin embargo, incluso el más apático a estas costumbres en algún momento de su vida como cartagenero debió participar de “Ángeles somos”.

Desde el día 1 del penúltimo mes del año comienzan las fiestas en la Heroica, los adultos se despiertan con el estribillo, más gritado que cantado, y el sonido de los golpes en las ollas que producen los niños y niñas junto con los adultos que los acompañan.

“Ángeles somos, del cielo venimos, pidiendo limosnas pa’ nosotros mismos”

“Tintililillo, tintililillo, cinco pesos pa’ mi bolsillo”

“No te late, no te late, saca el bollo del escaparate”

“No te rías, no te rías, que la mochila está vacía”

“No te escondas, no te escondas que te pego con la olla”

Algunas personas, especialmente las interesadas en la preservación de la cultura propia, no se abastecen de dulces para las fiestas de Halloween, pero sí apartan plátanos, papa, yuca, maíz, ahuyama, apio, cilantro, cebollas, ajo; aquello con lo que pueden ayudar según sus propias condiciones económicas, en los mejores casos incluso es posible que alguna familia entregue pollo o carne de res.

Pero mucho o poco, barato o caro, siempre que compartas algo el grupo cantará frente a tu casa “esta casa es de arroz, donde vive el Niño Dios”. Caso contrario si cierras puertas y ventanas, si ignoras a los que te cantan, o si entregas, sin excusarte, productos echados a perder; nada podrá salvarte de que griten a viva voz

“Esta casa es de ají, donde viven los cujís” o “Esta casa es de aguja, donde viven todas las brujas”.

Esta, además de la de navidad y la de las fiestas de María Inmaculada Concepción, es tal vez la única mañana en que gran parte de los niños cartageneros se levantan gustosos muy temprano en la mañana. Es un día en que los padres los dejan faltar a la escuela y los profesores no marcan faltas por inasistencia.

Como esta fiesta es nuestra, nativa, no extranjera, y da cuenta de nuestros procesos socioculturales y nuestra identidad; numerosos entes están ahora interesados en recuperarla, pues eclipsada por el Halloween donde se reciben dulces, la elaboración de un sancocho como producto final a muchos niños no les resulta interesante y los grupos son cada vez más pequeños. Es por esta razón en parte que en Nueva Lengua Cartagena nos interesamos por compartir esta costumbre con nuestros estudiantes a fin de que es una de esas propias de un territorio que son a veces desconocidas por otras culturas pero que son altamente significativas para quienes las practican.

Así que explicamos a los estudiantes en que consiste esta costumbre y les mostramos el proceso. Incluso pudieron ver la forma en que los niños de la Institución Educativa La Milagrosa participaban de dicha actividad en el parque, ya que normalmente el sancocho se realiza en espacios abiertos.

Así, los estudiantes de Nueva Lengua, indistintamente de sus nacionalidades, cantaron igual que los cartageneros, los estribillos tradicionales. Abrazados por el sol ardiente de ese día, imitaron a los nativos y recibieron, igual que nosotros, las fiestas novembrinas con normalidad luego de dos años tan diferentes.

En cuanto a las fiestas de independencia respecta, Nueva Lengua Cartagena y sus estudiantes se pusieron la bandera de la ciudad que del yugo las cadenas, cual leona, fiera, destrozó, como dice nuestro himno. Nos pusimos los disfraces y abrazamos lo carnavalesco para llevarlo con entusiasmo a nuestros estudiantes.

Estudiantes y profesoras se vistieron de entusiasmo e identidad cultural popular imitando el reinado de independencia, representando barrios populares reales de la ciudad.

Y, aunque no fue el primero de noviembre, los estudiantes de Nueva Lengua tuvieron la oportunidad de probar el auténtico sancocho, ese plato tan nuestro, que como dicen algunos, es la prueba gustativa de la diversidad racial y cultural del caribe y de Latinoamérica, y concretamente de Colombia; y de paso, conocieron un poco de la zona rural de Bolívar durante una excursión a las afueras del municipio de Turbaco.

Escrito por la profesora María Angélica Castro Nueva Lengua Cartagena

Todos los artículos de este blog han sido escritos por los profesores de nuestra escuela y por estudiantes de diferentes países que viajaron a Colombia para aprender español.
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